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20 de noviembre de 2012

Cosmópolis

La nueva propuesta de David Cronenberg ha generado controversias desde el momento de su estreno mundial, dividiendo claramente las aguas de críticos y espectadores. Nadie tiene la verdad absoluta a lo que valoración cinematográfica respecta, sin embargo, es innegable que quien vea esta película no permanecerá indiferente a la misma. Podrá amarla u odiarla, recordándola por uno u otro sentimiento.

El multimillonario Eric Parker decide cortarse el pelo en el otro extremo de la ciudad el mismo día en que el presidente norteamericano sufre una amenaza y que el director del FMI es atacado en un programa de televisión. El embotellamiento y el caos que se vive en Manhattan harán que un simple viaje a la peluquería modifique toda la existencia de Parker. El mundo de este joven capitalista se desarrolla de manera íntegra dentro de su limusina, idéntica a la de otros tantos poderosos. No duerme, no consigue construir relaciones verdaderas, sufre de pánico irrisorio y paranoico a la muerte (tiene controles médicos diarios) y una agobiante rutina que se repite día tras días con ínfimas variaciones. “La vida es demasiado contemporánea”, desliza el personaje de Juliette Binoche, retratando indirectamente de cuerpo entero al destruido protagonista.
Cosmópolis es una historia compleja, difícil de asir, que encuentra su punto más flojo en Robert Pattinson, actor de escasos recursos para interpretar a este calculador y frívolo hombre de negocios. La atmósfera claustrofóbica de su limusina, esa burbuja cinco estrellas que lo divide de la realidad del mundo, es donde el director aprovecha a situar sus mayores críticas a la modernidad. “Cuánto más visionaria es una idea, mayor cantidad de gente queda excluida”, dice Samantha Morton durante una protesta contra el avance del capitalismo. “Destruye el pasado, crea el futuro”.

Nuestra opinión: Buena

29 de abril de 2010

Todas las vidas, mi vida

El director teatral Caden Cotard está por estrenar una nueva obra. Su esposa Adele (Catherine Keener), lo abandonó para continuar su carrera artística en Berlín, llevándose con ella a su hija pequeña quien quedará al cuidado de María (Jennifer Jason Leigh). Su terapeuta, está dedicada a promocionar su nuevo libro en vez de actuar como su psicóloga. Su relación con su secretaria Hazel (Samantha Morton) está comenzando a tornarse algo peligrosa lo que está llevando a la ruina su nuevo matrimonio con Claire (Michelle Williams). Su misteriosa enfermedad va afectando las funciones de su cuerpo una a una…
Ante este panorama, decide dejar su hogar y mudarse a New York, esperando poder formar un elenco que le permita dirigir la obra más honesta y trascendental de su carrera. Pero los conflictos entre Sammy (Tom Noonan) y Tammy (Emily Watson), los actores elegidos para su obra, le empiezan a traer dificultades en su vida personal fuera del teatro, hasta que la célebre actriz Millicent Weems (Dianne Wiest) trae las soluciones que Caden tanto necesita.

El debut del guionista Charlie Kaufmann como director está plagado de elementos autoreferenciales, pero en esa búsqueda de la excentricidad que tanto lo caracteriza, esta vez decidió volcarse como nunca a lo escatológico, algo prescindible para la esencia del relato. La cuidada composición de Philip Seymour Hoffman nos hace pensar si esta falta de percepción del tiempo y la personalidad tan voluble que sufre Caden se deben al accidente ocurrido en su baño o si siempre ocultó esa faceta. Hope Davis, otro de los puntos a destacar, encarna a una psicóloga que parece salida del perturbado universo de la familia protagonista de Six Feet Under.

Nuestra opinión: n n n n n