Los siete pecados capitales han sido fuente de innumerables ficciones de tono trágico. Casi podría decirse que parecía un tópico agotado, condenado a la repetición o a la parodia. Pero Eva Menasse encontró un atajo para darles otra vuelta de tuerca: en vez de pensar la gula, la avaricia o la pereza como debilidades que precipitan a las personas en un abismo del que no pueden volver, los ubicó en los pliegues de la vida cotidiana. En la imposibilidad de un hombre de imponerse a su ex esposa, en una alumna que se decepciona de su maestra, en una infidelidad: en episodios desligados de la trascendencia, que quizás por ello nos permiten comprender lo trascendente.27 de enero de 2011
Pecados menores
Los siete pecados capitales han sido fuente de innumerables ficciones de tono trágico. Casi podría decirse que parecía un tópico agotado, condenado a la repetición o a la parodia. Pero Eva Menasse encontró un atajo para darles otra vuelta de tuerca: en vez de pensar la gula, la avaricia o la pereza como debilidades que precipitan a las personas en un abismo del que no pueden volver, los ubicó en los pliegues de la vida cotidiana. En la imposibilidad de un hombre de imponerse a su ex esposa, en una alumna que se decepciona de su maestra, en una infidelidad: en episodios desligados de la trascendencia, que quizás por ello nos permiten comprender lo trascendente.
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